El equívoco
Había llegado tarde. Andrea había llegado tarde. Era raro, porque Andrea siempre llegaba temprano. Se había mudado hacía poco, tal vez por eso la tardanza, los cambios de horario, los círculos infinitos y la vuelta hacia ninguna parte. Llegó a lo de Patricia a eso de las diez. Se disculpó. Hablaron, tomaron vino y hablaron. A las doce menos cuarto Andrea recordó que debía llamar a su madre. Pidió permiso y tomó el teléfono. Discó el número. Apenas hubo terminado, casi instantáneamente, se dio cuenta de que en la confusión por llamar a la casa de su madre, marcó el número de su casa, de su nueva casa. Confusión de identidad. Se vanaglorió de su equívoco en voz alta. Atinó a cortar. Pero una voz resonó desde el otro lado del tubo, a lo lejos. “Hola”, dijo la voz metálica. Andrea no respondió. Andrea no pensó. No pudo pensar. El silencio se escuchaba claro. “Hola “, repitió mansamente la voz metálica, con el tono sutil de quien contesta el teléfono con una sonrisa en los labios. Andrea no respondió. Colgó el tubo con violencia. Se quedó callada. Congelada. Patricia la miró. Le pidió que le narrara la situación. Andrea se enfureció levemente. Sentía el vapor del vino en la nuca. Patricia la consoló. La convenció de un supuesto equívoco. De un número equivocado. Le aconsejó llamar finalmente a su madre. Andrea volvió a discar. Habló con su madre. Su madre confirmó el equívoco. La tranquilizó. Convino ir a su casa. Andrea era impulsiva. Patricia se ofreció a acompañarla. Llegaron en quince minutos. El reloj marcaba 12:13. Andrea dudó. Giró la llave. Entraron. Revisaron la planta baja. Preguntaron al aire. Sólo silencio. Andrea subió a la habitación. Encendió la luz y echó una mirada. Nadie. Se apaciguó tímidamente. Bajó al comedor. Preparó café. Siguieron charlando. Al rato olvidaron, entre otras cosas, el equívoco del teléfono. 1: 57. Patricia anunció que se marchaba. Preguntó a Andrea si quería que esa noche se quedara. Andrea respondió que no. Tardaron en despedirse. Andrea cerró con llave. Puso las trabas. Subió a la habitación. Encendió la luz del velador. Volvió a bajar. Apagó la luz del comedor. Subió nuevamente. Se cambió para dormir. Se sentó sobre el borde de la cama, de su lado. Contempló la noche en la ventana. Apagó la luz. Se hizo oscuridad. Sintió pasos. Se resignó.
Andrea sintió el brazo alrededor de su cuello.
Andrea recordó el equívoco del teléfono.
Andrea, apaciblemente, dejó de respirar.
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pobre andy! 

que buenooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo que esta me encantoooooooooooooooooooooo




te felicit@@@@@@@@@
te dejaria puntos pero me los gaste
muy buena te felicito




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muy buena te felicito
Hay secretos que Andrea no nos confio, pero no s deja una moraleja, nunca dejes tu nueva direccion cuando te mudes.
Buena la historia, felicitaciones. Salu2
Terrible. Me encantó. Parece que no le sobra ni una sola palabra. Cada frase parece tener un objetivo concreto. Impulsivas... Debieron de haber llamado de nuevo... Gran relato. Los diez.
literarte muy bueno loco, hace mucho que no leo a nadie... tenes el gran honor de desvelarme loco.
Me gustó el uso de las oraciones cortas y la repeticion de palabras. Me parece lógico asi lograr un ritmo.
bueno che... vos hace rato que no pasas por mis cosas
te dejo de tarea:
http://www.taringa.net/posts/arte/3819988/Extra%C3%B1ar-sobre-adoquines-(poes%C3%ADa).html
Saludos muchacho y mis diez se quedan acá
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Es buenísimo! Cierra perfecto, ademas de la forma en que está narrado hace ver todo como en imagenes sencillas y veloces.
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