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breacking3
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Patoruzú gran post Canejo


Primera aparición:




El indio Patoruzú hizo su debut (como se ha dado otras veces con importantes personajes de historieta) con un papel secundario en otra tira. Dante Quinterno, su creador, publicaba en el diario Crítica, desde el 24 de Agosto de 1927, la tira "Un porteño optimista". Esta historieta cambió su nombre, en Julio de 1928, por “Aventuras de Don Gil Contento”, cuyo protagonista era el personaje homónimo. El 18 de octubre de 1928 el diario Crítica anunció: "mañana debuta el indio Curugua-Curiguagüigua". El día 19 apareció el nuevo personaje, el último indio tehuelche, venido de la Patagonia. Es rebautizado (recomendado al autor ante lo dificultoso del nombre) por el propio Don Gil como “Patoruzú” (click aquí). El nombre derivaba de una golosina de la época llamada Pasta de Orozú. Según el relato, Patoruzú, último Cacique de los Tehuelches Gigantes, llega a Buenos Aires desde la Patagonia, acompañado de su ñandú "Carmela", para vivir en la casa de Don Gil Contento, cuyo difunto tío era tutor de Patoruzú. Don Gil dedica la mayor parte de las 17 viñetas de este primer número a explicarle el funcionamiento de la luz eléctrica, el transporte público y los modales en la mesa, pero, al enterarse de que Patoruzú posee, además de su mascota, una bolsa con monedas de oro, intenta quedarse con ellas, explicándole que en Buenos Aires "no sirven para nada". Fallido su intento, se lamenta que el oro esté en manos de semejante ignorante. Poco más pudo desarrollar Quinterno, ya que el 21 de Octubre, la tira fue cancelada, pero este primer episodio anticipaba mucho de la trama venidera.

Segunda aparición:




Tras su alejamiento de Crítica, Quinterno dejó de lado por un tiempo al personaje del indio, y retomó, a fines de 1928, la figura del porteño tramposo, fanfarrón y aprovechador con Julián de Montepío. El 27 de septiembre de 1930 retomó, repitiéndola casi cuadro por cuadro, la historia de Patoruzú y Don Gil. Explicó ese día el diario "La Razón" lo siguiente: "He aquí que, de la noche a la mañana, Julián se encuentra apadrinando a un indio del sur, por virtud de una curiosa herencia de un tío de nuestro héroe, el finado Rudecindo. El indio Patoruzú es el último vástago de la tribu de los Tehuelches e hijo de un rico cacique de la Patagonia quien, al morir, deja al huérfano en las manos del Tío Rudecindo. Este, a su vez, sintiéndose cadáver, envía a Buenos Aires al indio ingenuo y lleno de oro, bajo la tutela de Julián". Es entonces que el indio viene ahora a Buenos Aires enviado por el difunto Rudesindo, tío de Julián (ver tira), y nuevamente en compañía de un ñandú, aunque ahora cambia el sexo del animal (en este caso es macho, y se llama "Lorenzo". La imagen gráfica es similar a la que presentara Crítica, con Patoruzú bajando del tren carguero, acompañado por su ñandú, pero con una gran diferencia: Patoruzú ya es inmensamente rico en oro, metal que posee entre sus cualidades la de no devaluar jamás su valor. Una carta de su tío explica la situación a Julián, parte de la cual decía “…un indio güenazo, hijo de un difunto cacique tehuelche amigo mío, pa' que lo sigas apadrinando... Tratalo como a un hermano y civilizalo, si podés. Tené en cuenta que es un indio jovencito y muy rico, hablando en plata”. Como Patoruzú porta su fortuna en forma de pepitas de oro, suscitan la codicia de Julián y desarrollan una trama casi idéntica a la original. Al ver la fortuna de su ahijado, Julián decide apropiarse de ella, haciéndole creer a Patoruzú que las pepitas están embrujadas. El indio ya está convencido, cuando la inesperada aparición de uno de los peones del Tío Rudecindo (que le explica el verdadero valor de las monedas) lo salva de las maléficas maquinaciones de su padrino. La historieta tuvo mejor fortuna que su predecesora, y Patoruzú formaría parte del elenco de Julián de Montepío durante más de un año, cobrando cada vez más protagonismo. Poco a poco el indio fue asentándose como protagonista de la tira, debido sobre todo al éxito que su figura fue alcanzando entre la gente. Irremediablemente, Julián se vió relegado a un segundo plano, y la tira fue rebautizada, en forma definitiva, como "Patoruzú", quien pasó a encabezar la tira el 11 de diciembre de 1931. Aún no sería el Patoruzú que pasaría a la historia, y ya no lo acompañaría Lorenzo, quien perdería la vida asado accidentalmente en una rotisería, pero sí se haría cada vez más conocido.


La evolución del personaje:

En 1933 Quinterno viajó a los Estados Unidos por negocios; trabó contacto con los Estudios Disney, con los que colaboraría más tarde, y conoció el sistema de sindicación de los dibujantes que dominaba el mercado estadounidense de tiras diarias. Esto lo movió a fundar el primer sindicato de historietas en Argentina, con la intención de proteger a Patoruzú (personaje que ya hacía “estragos” en La Razón), y a la otra tira que desarrollaba paralelamente, Isidoro Batacazo (en este caso en el matutino "El Mundo", el mismo diario que en los años '60 publicaría a "Mafalda". El objetivo de Quinterno era pasar a tomar el dominio intelectual y económico sobre su obra. La Razón no vio de buen grado las exigencias de Quinterno sobre la propiedad intelectual, y se produjeron entonces serias desavenencias entre ambos. En diciembre de 1935 éste abandonó el mencionado vespertino, llevando a Patoruzú a las páginas de El Mundo. Quedaban sólo las tiras viejas de Julián de Montepío reimprimiéndose en La Razón como único recuerdo. Patoruzú desplazó a Isidoro Batacazo, pero el ingenio de Quinterno recuperó la figura de éste, combinándola con Julián de Montepío, y dando así origen a otro de sus personajes más duraderos: Isidoro Cañones. A través de Isidoro, Quinterno reelaboró por segunda y última vez el origen del indio. La nueva historia cuenta que Patoruzú aparece como espectador en un circo que dirige Isidoro, y termina provocando una enorme conmoción al vencer con su fuerza sobrenatural al luchador gitano Juaniyo (click aquí para ver una escena de la pelea). Isidoro termina apadrinando al indio antes de ganar su apellido definitivo (Cañones). El padrino Isidoro, a pesar de ser un aprovechador, es de buen corazón, y pasa a ser compañero inseparable del indio.


La consolidación del personaje:
Con la mudanza del personaje al diario “El Mundo”, Patoruzú penetró en su época dorada gracias al estilizado estilo de su autor, poseedor de una expresividad gestual simple y limpia, un excelente diseño de personajes y un vibrante pulso narrativo apegado a la deformación caricaturesca pero de profunda aplicación dramática. Simultáneamente, los argumentos se apartan del humor autocontenido para comenzar desarrollar historias seriadas a través de múltiples episodios, y con un adecuado toque costumbrista, una exageración cuasi-superheroica y algunos ejemplos de grandilocuencia épica que la serie no abandonará jamás. Es en este fértil terreno donde germinan las más logradas aventuras del cacique y su particular galería de personajes secundarios, ya que la fisonomía de Patoruzú se consolidó, y comenzaron a aparecer otras figuras recurrentes .
Para 1936 la popularidad de la tira era inmensa, y se publicarían los primeros números en color en el semanario Mundo Argentino, que le dedicaba una página en cada número, y numerosos periódicos del interior del país comenzaron a publicar la serie. Así, en Noviembre de ese año, llegaría la "Revista Patoruzú", uno de los grandes hitos del humor gráfico en la Argentina. Recién en el año 1937 se revelaría, en Patoruzú, su carácter de poderoso estanciero. Las nuevas tiras tienen, entonces, como base, el siguiente argumento: "Patoruzú es un millonario cacique Tehuelche, que reparte su tiempo entre su estancia patagónica y la ciudad; de carácter inocente y bondadoso, se ve envuelto en distintas aventuras por su padrino, Isidoro, siempre tratando de lucrar a costa de su ahijado". Dante Quinterno volcó en el cacique tehuelche la idealización de valores muy concretos: la nobleza, la abnegación, la generosidad, una amplia dosis de inocencia y el patriotismo extremo. Siempre persiguiendo el bien, Patoruzú tiene una moral inquebrantable. Dueño de varias estancias de incalculable extensión en la Patagonia, y, siempre con una pila de "patacones" en el bolsillo, la generosidad del indio resulta inagotable. En sus andanzas, Patoruzú enfrenta a todo tipo de malhechores, para lo que está dotado de una fuerza y agilidad sobrehumanas.
Tan sobrenatural como su fuerza es su integridad; aunque tarde en percibir los engaños, una vez descubiertos persigue a los culpables (que muchas veces son estafadores y tramposos que intentan abusar de su fortuna) con una intensidad avasallante, y coopera con frecuencia con la policía. Al mismo tiempo nos enteramos de la insólita ascendencia egipcio-patagónica de Patoruzú, cuyo árbol genealógico fue tema de una de sus primeras historietas. Al respecto cabe destacar un elemento, Patoruzú es solamente la segunda generación americana de su estirpe. Él desciende de Patoruzek I, un joven faraón egipcio descendiente a su vez de Pasametic III de la 27° dinastía. Patoruzek I se enamoró de una princesa Napata, Patora la Tuerta, llamada así por un tic en su ojo izquierdo. El primer hijo del faraón, Patoruzek II, durante una misteriosa crecida del río Nilo, y tras una peculiar batalla a orillas del mismo, se extravió con su nave y terminó en la Patagonia. De él desciende Patoruzú I, "el Tata", cacique Tehuelche y padre de Patoruzú y de sus hermanos Upa y Patora. La singular circunstancia de que un tehuelche (una etnia virtualmente exterminada por la campaña del Desierto emprendida a fines del siglo XIX por el general Roca, que los privó de sus tierras) sea a la vez un rico estanciero carece de explicación en la historia, pero eso es lo de menos.

EL LENGUAJE UTILIZADO POR PATORUZÚ
El argot de Patoruzú es uno de sus rasgos más distintivamente campesinos, y se aparta marcadamente del estándar rioplatense. No es, sin embargo, particularmente realista; toma sus términos indistintamente del norte, el oeste y el sur del país, y en algunos casos hasta del lunfardo traído a Buenos Aires por los inmigrantes. Entre los más conocidos de sus términos se encuentran:
¡Ahijuna! = Interjección que apocopa ¡Ah, hijo de una ...! sobreentendiéndose el insulto a la madre. La elisión de la /d/ y la desaparición del hiato son típicas del habla del interior de la Argentina, donde la influencia de los dialectos peninsulares ha sido más perdurable que en el habla porteña.
Amalaya = Del quechua, "quiera Dios" o "así sea". En el peculiar dialecto de Patoruzú, se usa para denotar sorpresa.
Canejo = Lunfardo, deformación eufemística de "carajo".
Chei = Del mapudungun che, "gente", el mismo origen que el lunfardo "che".
Conchabo = Arcaísmo del español americano, "acordar, especialmente en secreto". En Argentina tiene a veces el uso de concertar un trabajo. Posiblemente del latín conclavari, "encerrarse bajo llave".
Fiero = Feo. Metaplasmo que une la fealdad con la fiereza de la bestia salvaje.
Gurí / Gurisa = Del guaraní, "niño" o "joven".
¡Huija! = Interjección de origen desconocido, empleada para arrear el ganado. Patoruzú la usa como exclamación de alegría.
Jue' pucha = Apócope de hijo de pucha, mostrando la misma tendencia antihiática ya mencionada.
Mandinga = Uno de los pocos vocablos de origen africano constatado en el lunfardo, los malé o mandinga eran una tribu sudanesa apreciada por los tratantes de esclavos por su fiereza y fuerza física. Con mezclados admiración y desprecio, el lunfardo usa su nombre para mentar al diablo.
Patacones = Arcaísmo por dinero; era el nombre de la moneda de plata de una onza en la época colonial.
Po = Apócope de pues, usado como muletilla, una práctica frecuente en el español patagónico y chileno.
Sotreta = "Bribón" o "rufián", por extensión de su sentido original de caballo inútil o de mala intención.
Tata = "Padre", del quechua.




PERSONAJES:


Upa


Patora



La Chacha


Ñancul



Pampero



Coronel Cañones



Enemigos







link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=-tMlMKdh1tc


link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=1tljkeixR8w

1tljkeixR8w



Libro: (no encontre otros voy a ir buscando si encuentro mas los pongo)

http://www.ziddu.com/download/5403703/Patoruzu_825_OpacoComics.rar.html




Un memotext de Patoruzu

http://www.patoruzu-web.com.ar/juegos10.htm

Amado y criticado, capaz de atravesar generaciones y hasta ser utilizado por la JP para responder la “ofensa” de Los Simpson, el cacique creado por Dante Quinterno abre el campo a varios análisis... incluyendo el del tehuelche Luis Eduardo Pincén.

Por Facundo García


“Muchos pibes de las comunidades se identifican con los valores de Patoruzú”, dice Pincén, tataranieto de un cacique tehuelche.

“¡Guagua! ¡Piragua! ¿Vos sos meu tutor, chei? Curugua–Curiguagüigua te saluda”, suelta el indio desde el tren. Y un chanta que todavía no se llamaba Isidoro Cañones le contesta: “¡Por fin llegaste, Patoruzú! Te bautizo con ese nombre porque el tuyo me descoyunta las mandíbulas”. Esa viñeta inició, hace hoy ochenta años, la vida de uno de los personajes más emblemáticos, amados y criticados de la historieta argentina. Su creador, Dante Quinterno –calificado por algunos como “el Disney argentino”–, lo concibió como el típico partenaire inocentón. Sin embargo el cacique comenzó a tomar vuelo propio, copó la infancia de varias generaciones y hoy parece gravitar como nunca entre los aires camperos que la televisión ha puesto de moda.

Aquella tira fundadora contaba la historia de Don Gil Contento, garca a quien un acaudalado tío le había encargado, antes de morir, la tutoría de “El último Tehuelche Gigante de la Patagonia”. “Gilito” intentó aprovecharse del pajuerano recién llegado a la capital. Y no tuvo tiempo de intentarlo dos veces, ya que el viejo diario Crítica levantó la serie a los dos días. Semanas después de aquella aparición fugaz, Quinterno logró colocarse en La Razón, en este caso con otro prototipo del piola porteño al que bautizó “Don Julián de Montepío”. A los dos años, el retorno de un aborigen ingenuo y con plata lo cambió todo. En consecuencia, la tira tomó el nombre de Patoruzú en agosto de 1931.

A partir de entonces rompió todos los cálculos. Pasó por varios diarios y hubo incluso una revista con su nombre que duró tres décadas; traía notas de actualidad y prefiguró lo que luego harían Humor y Satiricón. Quinterno se cortó solo, fundó una editorial y el primer “sindicato” de historietistas del país. Claro que no era un sindicato en el sentido habitual, sino una agencia para administrar derechos de propiedad intelectual y explotación comercial. El padrino atorrante se fue estabilizando en Isidoro, y nacieron Patoruzito e Isidorito. Sucesivas reediciones llegaron a los confines más remotos del país. Se las analizó, se las denostó y se las usó desde el patrioterismo. Sin embargo el narigón telúrico siguió ahí, esperando al costado del inodoro o semitapado en los revisteros del subte, vendiendo aunque repita eternamente esos guiones que –aseguran los expertos– no se renuevan desde 1977.

Y merece un exaltado “¡canejo!” comprobar que casi nunca se les ha preguntado a los pueblos originarios qué opinan sobre el fenómeno. Luis Eduardo Pincén es tataranieto del respetado cacique tehuelche Vicente Catrinao Pincén y está dispuesto a quebrar esa racha de silencio. “Creo que la percepción que tenemos muchos hermanos sobre esto depende de la etapa que esté pasando cada uno –adelanta– Para los que nos sentimos parte de los pueblos originarios suele haber un momento de timidez, luego cierto resentimiento y finalmente una instancia que para mí es superadora; en la que se entiende que el mensaje de nuestros ancestros es de comprensión y consenso entre las diferencias. Desde ahí, hoy digo que disfruto leyéndolo. No me molesta esa suerte de caricatura: sé que tuvo cosas cuestionables y que no es un retrato fiel de nada. Una vez que les aclaro esto a mis chicos, podemos entretenernos juntos.”

“Si considerás que se lanzó en 1928 –añade Pincén–, te das cuenta de que para su época era bastante avanzado. Habían pasado sólo cuatro décadas desde la nefasta Campaña del Desierto y no obstante ahí tenías a un indio con buen corazón”. ¿Los aborígenes prefieren al hombre de pluma y poncho que a Batman? El teléfono transmite una risa: “Muchos pibes de las comunidades se identifican con los valores de Patoruzú porque es honorable, valiente y honesto, puntos claves para nuestra cultura. Obviamente, no están fuera del planeta. Si visitás a un hermano esta noche, casi seguro que lo encontrás viendo Bailando por un sueño. Nosotros siempre hacemos la siguiente reflexión: Si los caballos vinieron de Europa y nosotros fuimos capaces de establecer una relación de cariño única con ello; ¿cuántos caballos más nos quedarán por conocer?`. Si lo pensás desde ahí, asimilar Patoruzú puede estar buenísimo.”

Desde una postura menos optimista, el semiólogo y poeta Oscar Steimberg denunció la falsedad de Patoruzú en su libro Leyendo historietas (Buenos Aires, Nueva Visión, 1977), al decir que “tiene virtudes gauchas pero es un indio; y los indios y los gauchos nunca fueron una unidad social”. Por otra parte, señaló que tras su estampa de aborigen sureño se escondía, en lo concreto, un terrateniente de fortuna. Y hasta sugirió que el héroe era posiblemente homosexual: “(...) tiene una especie de relación madre–hijo con Upa, y una relación confusa con Isidoro, a quien espera despierto cuando lo sabe demorado en sus calavereadas”, disparó.

Oscar Vázquez Lucio (Siulnas), humorista gráfico, periodista e historiador del humor, explica su versión. “En realidad –cuenta–, esa buena situación económica podría constituir un símbolo reivindicatorio, como surge de las propias palabras del personaje: ‘¡Las veces que gritaría a tuito pulmón que nosotros somos los verdaderos dueños del país!`” (Patoruzú Nº 1, pág. 22, noviembre de 1936). El especialista no cree necesaria una cruzada de recuperación patoruzesca, ya que “hoy por hoy tiene tantos detractores como adeptos, contándose entre estos últimos muchos representantes de las nuevas generaciones”.

Respecto de la supuesta condición gay del emponchado, Siulnas considera que “podrá cuestionarse su manera de abordar al otro sexo, pero no poner en tela de juicio su interés en las mujeres, que se puso de manifiesto ya desde la época en que acompañaba a Julián de Monte Pío (después Isidoro) en la tira publicada en La Razón”. Carmencita, Clorinda, Lola y Azucena son algunas de las “gurisas” que lo enamoraron con final no feliz. Para el especialista, una posible razón de estos fracasos amorosos la dio precisamente Azucena en uno de los cuadritos: “¡Usted se debe a sus prójimos! ¡No tengo derecho a absorber la mínima parte de su generosidad y su tiempo!”, le batió la moza.

A medida que se multiplicaban las andanzas, las líneas del paladín se fueron suavizando. Quinterno tomó el modelo “redondeado” de Disney, y poco a poco fue modificando el original hasta llegar –aportes de numerosos colaboradores mediante– a la forma actual. Miguel Dao, fan reconocido de la serie, estima que en contraste con estas modificaciones formales “Quinterno tenía pautas muy fijas sobre la personalidad del protagonista, y las había anotado en varios cuadernos. En ese aspecto, nada de lo que se escribía dejaba de pasar por su control”. Eventualmente se introdujeron nuevos datos sobre su origen. Se contó, por ejemplo, que el justiciero descendía de Patoruzek 1º, un faraón egipcio que había caído en la pampa. Conseguido el equilibrio, el resto fue estabilidad.

Dao se lamenta de que no se les haya prestado mayor atención a los fondos. “De hecho, en las revistitas que se publican hoy dos por tres encontrás que en vez de un teléfono de los viejos han puesto un celular... ¡en una historia que se escribió hace tres décadas!”, declara. Quizá por eso el capítulo preferido de Dao es El Gran Duque de La Mancha, que se publicó originalmente en el diario El Mundo entre diciembre de 1938 y marzo de 1939. Por sus ambientes y detalles, es una de las más buscadas excepciones a la regla del “paisaje descuidado”.

Otras rarezas son menos felices. Dao recuerda haber visto que durante la dictadura había posters de Patoruzú con la camiseta de la Selección, en los que se leía que los argentinos eran “derechos y humanos”. Eso no le impidió escribir una novela, Las claves del indio, en la que un número perdido de la historieta contiene el secreto para desentrañar un misterio. “Contándote esas dos cosas te quiero decir que si uno le pone una etiqueta ideológica fija está cercenando posibilidades. Si sigue vigente, será porque se le encuentran resignificaciones posibles.”

Basta salir a la calle para comprobarlo. Hace unos meses, cuando en una emisión de Los Simpson se hizo un comentario irónico sobre Perón, un sector de la Juventud Peronista salió a responder con un afiche. En las paredes podía verse a la criatura de Quinterno en la taberna de Moe, explicando a los parroquianos que al General lo había elegido el pueblo. Por otra parte, el grito ronco, lleno de “mingas” y “ahijunas” que se escuchó por los bosques de Palermo en ocasión del último lockout campestre... ¿no se asemeja más a estas viñetas en blanco y negro que a la realidad concreta de los asalariados rurales?
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11 Comentarios


#1 - El mes pasado
Ídolo. Acompañaste mi infancia, vos e Isidoro (versión chico y grande).
#2 - El mes pasado
DOSMILNUEVE dijo:

Ton2as dijo:

Ídolo. Acompañaste mi infancia, vos e Isidoro (versión chico y grande).




jajajajajaja
#3 - El mes pasado
+10 canejo!
#4 - El mes pasado
toma mis 10 maula! este recuerdo se lo merece,,,
#5 - El mes pasado
Aguante el Indio !!!! (van 5)
#6 - El mes pasado
me alegro que lo recuerden!!
a todos nos alegraban y nos alegran las historietas esas
#7 - El mes pasado
Muy buen post, a favoritos y te debo mis 10 pero ya los use
#8 - El mes pasado
aguante isidoooro!! jeje cuando me renueven van puntos gracias por avisar, ta luego un abrazo!
#9 - El mes pasado
jaja yo tengo como 10 libros de paturuzu!



buen post segui asi!
#10 - El mes pasado
Amalaya!!!!!!!!! era asi?¿?? jajaj
#11 - El mes pasado
yo cuando era pibe lo leia, era de mi viejo, estaba en blanco y negro. mortal. +10. todavia tengo algunas de isidoro q salieron en clari hace algunos años

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