Desde su surgimiento, la radio ha sido vehículo de cultura, de disfrute del ocio y también de manipulación política. Una investigación analiza su papel en la Argentina entre 1923 y 1947.

Locos por la radio. Una historia social de la radiofonía en la Argentina, 1923-1947 es el título del libro (Prometeo) y de la tesis del doctorado de la socióloga e historiadora Andrea Matallana (UBA, Universidad Torcuato Di Tella). El estudio abarca el período delimitado por dos sucesos fundamentales en la transformación social producida por la introducción de la radio: la transmisión de la pelea entre Luis Angel Firpo y Jack Dempsey en setiembre de 1923, la nacionalizacion de las emisoras por el gobierno de Juan Domingo Perón en 1947. La elección no es fortuita. El combate de Firpo-Demsey hizo que miles de personas adquirieran un aparato radiofonico por primera vez, que se reunieron en casas o calles para escuchar la transmisión: catapulto el proceso que convierte una curiosidad técnica en un hecho cotidiano. Ydesde meriados hasta fines de 1947 el Estado adquirió las emisoras de radio, hasta entonces propiedad del sector privado. Eso sello la definitiva introducción de la radiofonía en el ámbito de la política nacional.
Los años 20 señalaron un nuevo tipo de cultura: el oyente. Fue una construcción primero técnica, luego cultural. Técnica porque las revistas anunciaban o explicaban de que se trataba este nuevo fénomeno cultural o como construir su propio aparato (mucho más barato que comprar uno). Cultural porque una vez afianzado el soporte comenzó a difundirse -a discutirse- su contenido: los programas, las noticias, la vida de los artistas, etcétera. En los años 30 el proceso se consolidó, se adquirieron más aparatos, se multiplicaron las emisoras, la programación comenzo a estabilizarse y con ella su audiencia. Los emprendedores devinieron empresarios; los actores se profesionalizaron; aparecieron los gremios. el protaginismo paso de la música al radioteatro( campero, policial, romántico). Llegaron los boletines informativos, programas de colectividades, espectáculos en vivo, transmisiones deportivas, etc. La radio apuntaló la idea de una "comunidad imaginada" -en el sentido que le dio Benedict Anderson-, muchas personas separadas por grandes distancias geográficas comenzaron a tener una vida "simultánea" en tanto nación. Por sobre todo, la radio generó hábitos de comportamientos y encontró su lugar social: en el centro de la vida hogareña.

"En este proceso de consolidación del medio, se construyó un espacio público, en el cual los diversos actores sdociales tomaron en cuenta de la importancia que tenía la penetración de la radio en la vida cotidiana. Esto impulsó una discusión política acerca del cual debía ser la función del Estado como entidad reguladoran del medio, si se trataba de un servicio público y en que medida lo era. También implicó una discusión ideológica y moral acerca de cuales debían ser los contenidos que debían emitirse y cuales no."
La iglesia y algunos sectores politícos insistieron en que la radio debía difundir valores y normas de una sociedad culta y correcta. De otro modo se corría el riesgo-sostenían-de que lo popular se convirtiera en mera tilingueria. Se trataba del viejo anhelo nacional: homogeneizar lo heterógeneo.
Matallana no esconde los ecos cultuturalistas de Michel de Ceryeau: el oyente se crea negociando con el medio más que asimilando los contenidos. "El oyente de radio produce elecciones culturales al optar por la programación que va a escuchar y le da un sentido a aquello que escuha; durante el tiempo que pasa oyendo esos programas le asigna a esa práctica un lugar en esa experiencia cotidiana, lejos de estar sometido a la omnipotencia de la imposición del medio produce un sentido social propio, lo fabrica."

La segunda Guerra Mundial aceleró la intervención estatal y el uso político de la radio en tanto medio masivo de comunicación. En principio el Estado se convirtió en un ente regulador (por ejemplo, evitando la superpocisión de frecuencias), pero más tarde comenzó a controlar los contenidos a través de regalamentos y decretos . Finalmente, en 1947 el gobierno de Perón nacionalizó las radios y algunos de los principales medios gráficos. "La constatación de que el uso de la radio en politícaera una necesidad solo se alcanzó en la medida en el que el medio se extendió en la sociedad argentina, llegó a los ricones más remotos y se instaló en el centro de la escena familiar; en este sentido transformó la sociabilidad entre los individuos."
La radiofonía fue instrumento de entretenimiento, de politíca i de instrucción. Fue cuando estos tres elementos se combinaron que asntó en el mercado. "En medio de una sociedad formada sobre una tradición de escolaridad y alfabetización, cuyo proyecto se había consolidado en las generaciones de fin de siglo XIX y primeras decádas del XX, la precensia de la radio parecía hacer realidad la útopia de un país integrado." L aradio rompió con la hegemonía de la lectura y generó una nueva industria, una nueva forma de hacer politíca y, en fin, una nueva gama de relaciones sociales.



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